LA PRIMERA MAESTRA ESPAÑOLA DE AMÉRICA

Ella fue Catalina de Bustamante (Llerena, España, 1490 – Texcoco, Nueva España, 1546), la llamada «primera maestra de América» (como reza el monumento erigido en su honor en Texcoco).

Estatua de Catalina de Bustamante en Texcoco.
Estatua de Catalina de Bustamante en Texcoco.

A lo largo de la Historia se ha hablado mucho de los primeros descubridores y conquistadores que llegaron a América, nombres conocidos por todos y cuyas hazañas y aventuras han quedado plasmadas para la posteridad. Sin embargo se ha hablado muy poco del papel de las mujeres en la conquista. Hay historiadores que atribuyen este silencio al hecho de que las mujeres humanizan el proceso de colonización y eso, no estaba bien visto en la sociedad del siglo XVI.

Si durante siglos la participación de la mujer en el devenir de la Historia fue silenciada, ocultada y en algunos casos degradada, no podemos olvidar las palabras, entre otras dictadas por otros a lo largo del tiempo, escritas por aquel docto del saber que fue Gregorio Marañón: <La historia está hecha por los hombres, las mujeres tienen reservada la misión de hacer al hombre, padre de la historia>.

Composición con las imágenes de algunas de
aquellas mujeres españolas que participaron
en la aventura de la exploración del Nuevo Mundo .

Composición con las imágenes de algunas de
aquellas mujeres españolas que participaron
en la aventura de la exploración del Nuevo Mundo .

La fiebre por ensalzar la figura de la mujer en la historia puso en circulación numerosas obras literarias que, más que ponerlas en el lugar que les corresponde por sí mismas, deformaban por completo su imagen, convirtiéndolas en iconos de un movimiento que, analizando todas las interpretaciones y matices del mismo, para mí sólo tiene una razón de ser: Como mujer, reivindico el derecho de las mujeres a actuar con libertad, elegir su propio camino, dedicarse a una profesión, a luchar por sus sueños, que pueden ser salir de casa o quedarse en ella. En cualquier caso que esa elección que hagan no esté influenciada por los intereses de otras personas, del momento o de circunstancias concretas.

Lienzo de Tlaxcala.

 
En su momento se hicieron tres copias de la obra: una se envió a España, a la corte de Carlos I, otra a México capital, y una tercera permaneció en Tlaxcala. Todas ellas se perdieron y hoy sólo se conservan copias posteriores, siendo la más importante la realizada por Alfredo Chavero en 1892. Por cierto, que una reproducción de esta última puede admirarse durante estos meses en la excelente exposición Itinerario de Hernán Cortés, en el Centro de Exposiciones Arte Canal de Madrid. 
El lienzo narra de forma secuenciada diversos episodios de la conquista de México, siguiendo el esquema de una historieta o cómic. Mezcla aspectos de la tradición precolombina y el arte occidental. La escena superior representa la llegada en procesión de cuatro grupos de nobles tlaxcaltecas para unirse a los españoles. La mirada de todos los personajes se dirige al centro de la composición, donde se sitúa el escudo imperial de Carlos I, símbolo de la política española, y una gran cruz cargada de elementos iconográficos cristianos, en referencia a la evangelización de aquellas tierras. La representación de los nobles tlaxcaltecas, con sus vestimentas indígenas y sus penachos de plumas, sigue la tradición artística precolombina, que contrasta con la imagen de los castellanos, sentados en sillas de madera y vestidos de negro.
Lienzo de Tlaxcala.


En su momento se hicieron tres copias de la obra: una se envió a España, a la corte de Carlos I, otra a México capital, y una tercera permaneció en Tlaxcala. Todas ellas se perdieron y hoy sólo se conservan copias posteriores, siendo la más importante la realizada por Alfredo Chavero en 1892. Por cierto, que una reproducción de esta última puede admirarse durante estos meses en la excelente exposición Itinerario de Hernán Cortés, en el Centro de Exposiciones Arte Canal de Madrid. 
El lienzo narra de forma secuenciada diversos episodios de la conquista de México, siguiendo el esquema de una historieta o cómic. Mezcla aspectos de la tradición precolombina y el arte occidental. La escena superior representa la llegada en procesión de cuatro grupos de nobles tlaxcaltecas para unirse a los españoles. La mirada de todos los personajes se dirige al centro de la composición, donde se sitúa el escudo imperial de Carlos I, símbolo de la política española, y una gran cruz cargada de elementos iconográficos cristianos, en referencia a la evangelización de aquellas tierras. La representación de los nobles tlaxcaltecas, con sus vestimentas indígenas y sus penachos de plumas, sigue la tradición artística precolombina, que contrasta con la imagen de los castellanos, sentados en sillas de madera y vestidos de negro. 

Fueron las circunstancias y los acontecimientos históricos los que marginaron a las mujeres y le robaron su protagonismo en la misma, postergándolas en el silencio, lucharon durante siglos por salir del oscurantismo y el silencio al que estaban relegadas por su condición de mujeres, madres o esposas. Muchas de ellas rompieron aquellas estrictas normas y fueron capaces de desarrollar su inteligencia y su talento en todos los campos del saber y la ciencia, de vivir apasionantes vidas de aventuras.

Pocos cronistas citan los nombres de las mujeres que compartieron con ellos tempestades, hambrunas y epidemias durante el largo viaje desde la península a las Indias Occidentales, ni las recordaron cuando engrosaron las filas de los expedicionarios ni tras desbrozar selvas, atravesar selvas y desiertos ó navegar por los grandes ríos americanos acompañando a sus compañeros españoles, bien fueran esposos, hermanos, tíos…

Escena del Lienzo de Tlaxcala donde figura una mujer que podría ser María de Estrada.

Escena del Lienzo de Tlaxcala donde figura una mujer que podría ser María de Estrada.

Tampoco cuando ayudaron incluso con su patrimonio a levantar conventos, ciudades y hospitales. Hazañas, penalidades y poblamiento de América, en raras ocasiones fueron reconocidos por la Corona española ni por los historiadores de la época.

Ni tan siquiera las reivindicaron como progenitoras de la estirpe de criollos y mestizos del Nuevo Mundo.
Juana de Zúñiga, segunda esposa de Hernán Cortés, pasó su larga viudedad pleiteando contra su hijo Martín por asuntos económicos. Los ejemplos son innumerables. ¿Quién conoce que Francisco de Orellana cuándo exploró el Amazonas iba con su esposa Ana de Ayala, con las hermanas de ésta y con un grupo numeroso de trujillanas?. No se separó de su marido en once meses de enfermedades, naufragios y combates. ¿Quién puede afirmar entonces con honestidad que Ana de Ayala no se encuentra entre los primeros exploradores del Amazonas? Ya fueran de origen humilde ó de linaje todas aquellas viajeras fueron pioneras, pobladoras que en circunstancias extremas fueron parte de esta aventura de la hispanidad.

Catalina de Bustamante nació en Llerena (Badajoz), cuna también del cronista de Indias Cieza de León, en torno a 1490. De probable origen hidalgo, pues no sólo sabía leer y escribir, sino que tenía conocimientos de griego y latín y tenía una formación humanista, partió el 5 de mayo de 1514 de Sanlúcar de Barrameda junto a su marido Pedro Tinoco, sus hijas y sus cuñadas hacia Santo Domingo, la primera ciudad europea del Nuevo Mundo. Durante 15 años se pierde su rastro hasta que resurge en México a través de una protesta que la dignifica. Escribe una carta a Carlos I en 1529 exigiendo justicia por el atropello del que habían sido víctimas dos alumnas indígenas y, por extensión, el colegio de Texcoco que ella dirigía.

Para entonces Catalina había enviudado y se ocupaba de la educación de las hijas de los capitanes de Hernán Cortés, hidalgos y gentes acomodadas. Catalina sufría cuando veía todas las injusticias sufridas por los indígenas, especialmente por las niñas. Aprovechando su condición de terciaria seglar de la Orden de San Francisco, consiguió, por mediación del franciscano Fray Toribio de Benavente, que la Orden le cediese parte de un antiguo palacio, el de Nezahualcoyitzi, de Texcoco (México) para establecer un colegio para niñas indígenas, el primero. Catalina educaba a las niñas en la fe cristiana -condición impuesta por los franciscanos-, les enseñaba a leer y escribir, cantaban oraciones, aprendían cuestiones domésticas y, las mayores, se iniciaban en algún oficio. Catalina defendía su dignidad y denunciaba los abusos sufridos. En lugar de volver a España, Catalina pensó que era más útil quedándose en México ayudando a quién más la necesitaba.

Una noche de 1529 un grupo de indios asaltó el colegio para raptar a Inesica, hija de un cacique, y su criada, por orden de un alcalde español encaprichado con la joven. La directora del colegio denunció al secuestro ante el obispo, que exigió la devolución de Inesica y su criada. “No conforme con eso, Catalina Bustamante denunció al alcalde por el atropello a la honra de las doncellas y el allanamiento del colegio para que sirviera de escarmiento ante los desmanes de otros altos cargos del virreinato”. No prosperó la vía judicial porque el presidente de la Audiencia de México era el hermano del regidor que había ordenado el secuestro. Fue entonces cuando Bustamente, por mediación de Fray Juan de  Zumárraga, que llegaría a ser más tarde obispo, escribió a Carlos I, enredado por entonces en los detalles de su coronación como emperador del Sacro Imperio Romano Germánico. La misiva acabaría en manos de su esposa, Isabel de Portugal, que se indignó ante la ofensa y ordenó reclutar “mujeres letradas de conducta ejemplar” para instruir a las niñas de Nueva España. A las elegidas les pagó el pasaje, la manutención y un ajuar.
Catalina Bustamente regresó una vez a España, con 45 años, para denunciar ante la Corona la falta de apoyos a su labor pedagógica. La emperatriz Isabel de Portugal volvió a respaldarla con fondos y con el reclutamiento de varias beatas, y más tarde seglares, que actuarían como maestras.
Con las nuevas maestras se pudieron establecer más colegios, como los de Otumba, Cuautitlán, Tepeapulco, Coyoacán, Xochimilco y Tlamanalco.

Si se considera que el sistema contaba en 1536 con entre ocho y diez colegios en la capital, que cada uno tenía alrededor de 300 a 400 niñas indígenas y que la escolaridad en ese momento era de máximo cuatro años, podemos entrever la amplitud de esta maravillosa obra. La instrucción de niñas indígenas se expandió –también a las hijas de familias pobres- por México hasta que la peste de 1545 la truncó abruptamente. Entre los 800.000 fallecidos se incluyeron las alumnas y sus maestras, incluida Catalina Bustamante. Un monumento en Texcoco la honra como la “primera educadora de América”.

Catalina de Bustamante es un reflejo de una mujer adelantada a su época, no sólo por su formación académica; eran muy pocas las mujeres que sabían leer y escribir en el XVI, sino por su empeño en reivindicar la igualdad de hombres y mujeres. Dotó a las niñas de una educación impensable para la época, las formó enseñándoles un oficio y haciéndoles ver que tenían derechos y debían ser respetadas.

En 1545 un brote de viruela en Texcoco se llevó por delante la vida de Catalina antes de que pudiera terminar el proyecto que había iniciado unos años antes de crear colegios a los que pudiesen ir todas las niñas indígenas. En Texcoco, un monumento la recuerda como la primera educadora de América.
¿No creéis que merece una página en los libros de Historia?


Fuentes:
José M. Huidobro. http://www.arteiconografia.com,
http://podcastdl.canalextremadura.es/2018-02-16–LTC-PEDRERA.mp3

https://blogs.elpais.com/historias/2014/02/exploradoras-del-nuevo-mundo.html

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